Para la Octava Semana Nacional de la Conservación en Mazunte Tonameca, los resultados fueron halagüeños, en el terreno de la organización del Tercer Encuentro de Jazz Mazunte 2008 (Con sabor a costa) y en el campo de lo musical. Fue el encuentro de Cristian Mendoza y Miguel Samperio, dos generaciones concurrentes, que desgranaron la sabiduría de su hacer artístico en el terreno de la inventiva jazzística. Fue un placer escucharlos en dúctil contienda de arabescos y síncopas, retando y subordinando al olvido. En el tercer día una voz dijo: hágase el jazz, y el jazz se hizo de tiempo y memoria, Con los ecos de las bandas oaxaqueñas, La de Ornel Jiménez y la de Arquímides Hernández, nuestros afanes aun digerían el gusto, por el reconocimiento a estos valores, imprescindibles, de ahora en adelante, cuando se tenga que hablar de la materia en la entidad donde la tradición se enriquece sin perder su escencia, evidencias del movimiento jazzístico en el Oaxaca contemporáneo, con sustento y conocimiento de causa. El colofón no pudo ser menos que contundente, Maximun sax, la fiesta de los bronces en la plaza de la Agencia Municipal de Mazunte, para oídos diestros y legos, un ejercicio de creatividad en las próvidas manos de distinguidos creadores, comandados por Miguel Samperio y Arodi Martínez. Seguimos con nuestro comentario, hay mucho de que hablar, en el terreno de los logros, descritos sobre el papel pautado o en omisión de el. Fue ejemplar, como el Comité Organizador, a veces pisando tierras flojas, echó para adelante con el evento. Limitaciones, contratiempos, tardanzas, fueron cayendo con el paso de los días, y los trajines del evento fueron agarrando el paso, contra pronósticos agoreros. La Comunidad de Mazunte había dado la encomienda, y la única alternativa fue avanzar. Para la tarde del día 20, fueron llegando los participantes, músicos, pintores, escritores, cronistas, que se hospedaron en los espacios que la comunidad les destinó. El 21 a muy temprana hora, fueron tomando forma, el escenario, el área de audición, los módulos para la venta de libros, artesanías, bebidas y alimentos, de manera tal que por la tarde, había en el espacio de la plaza cívica dce Mazunte, un ambiente indudable de fiesta y algazara, con el regocijo de adultos, jóvenes y personas de todas las edades.
Con este ambiente de fiesta, se inauguró el evento, en punto de las siete de la noche, con la presencia de autoridades municipales, de turismo y el comité organizador, para de inmediato dar paso a la trova, a cargo de Hilario Ensaldo, Tlalok Guerrero, Ricardo Morquecho Jr. y José Luis Vaca “Chelo”, que marcaron los primeros pulsos de una noche de festejo inolvidable, para dar paso a Alfonso Fors, quién nos recordó con sus temas, la importante influencia que ha ejercido el blues, en la trayectoria del jazz, los vínculos y las derivas, para bien de la música contemporánea, en los ámbitos popular y académico. Fors nos trajo su música, a veces irreverente, pero siempre potenciada por su experiencia arriba de las tablas, agitando su guitarra abierta y vivaz. Enseguida, Ornel Jiménez prendió el caldero de su inventiva, al ofrecernos jazz de alto calibre, profesado desde la gruesa encordadura de su bajo de seis bordones, prolongando su proyecto rítmico y armónico, hacia el bronce sonoro del sax tenor de Arodi Martínez, saxofonista costeño por una parte y zaachileño por la otra, hasta derivar en los golpes que Lucio Jiménez le tundió a una bataca que viajó, sin contratiempos, rumbos y anacrusas de cadencias arcanas. Y, que de la guitarra de Héctor Díaz, acompasamientos y florilegios, con el gusto in crecendo.
Llegó el segundo día, marcado 22 de noviembre en todos los calendarios. A las once horas, se abrió en las insatalaciones del Centro Mexicano de la Tortuga, la Expocisión Pictórica Colectiva, donde participaron artístas plásticos de diferentes lugares de la República, incluyendo muestras de pintores de otros países. Seguía la convivencia, y así nos sorprendió la tarde. Las luces de la Plaza Cívica se encendieron, para en un primer momento, descubrir la versatilidad y la buena hechura del canto istmeño, urdido en las guitarras y voces de Son Gubixa y La Tregua. En la etapa intermedia, escuchamos la vehemencia de una propuesta de trova contemporánea en Oaxaca, sobre los arrecifes y litorales de la inventiva de Héctor Díaz y Víctor Martínez. Apenas saliendo de estos cabotajes, el jazz enarboló su bandera, sobre el brazo del bajo de Arquímides Hernández, quien cual si fuera un gadget, primero ensambló su estructura material, para despues buscarle estallidos, descargas insólitas e inesperadas, ampliando la posibilidad de nuestras nociones sobre esta hermosa música de circunstancia sin pompa. La figura de Arquímides y su banda Quimono, amagándonos amablemente con su bajo, es sin duda uno de los momentos especiales del evento. Después, en otro de los momentos estelares, Cristian Mendoza, nos llevó de la mano de su saxo, desde las cordilleras andinas hasta los altiplanos del Anáhuac. Las manos de Cristian abrian las llaves de su instrumento, con la destreza de un maestro y con la preteza de alguién que vive en las entrañas de la música. Escuchamos dulces notas agudas fraguando un cielo de estrellas fúlgidas, así como la gravedad de esos tonos que nos sumergen en la zona pelágica del jazz, ahí de donde uno vuelve, con gozo y satisfacción. Cristián y la Banda Isóceles, con el respaldo de Rey David Alejandre, trombonista de Willie Colón, ahora bien avenido en pianista de los buenos: decargas, compartimientos, sucesiones, de todo escuchamos y disfrutamos en el colofón alucinado de esta segunda noche de jazz en mazunte.













